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martes, 12 de julio de 2011

Hipólito Yrigoyen. 159° aniversario de su natalicio...

Hipólito Yrigoyen, (1852-1933) Protector de los bienes de la Patria.
Por Hebe Clementi

Cualquier biografía lleva la impronta insalvable de depender de su biógrafo, tanto o casi, como la autobiografía. Y carga también con el peso de la historia circundante, tanto más en el caso de personajes que han accedido a una figuración social. En el caso de la propuesta de una sumaria biografía de Yrigoyen, estas cuestiones prevalecen desde el vamos y se insertan en una suerte de inseguridad que quizá sea la causa de que las biografías de Hipólito Yrigoyen resulten tan escasas.
Por lo mismo se pondera tanto la primera biografía sustancial y abarcativa que aparece sobre Yrigoyen en 1938 de la pluma de Manuel Gálvez, quien aporta un verdadero documento de época, emprendimiento que no ha vuelto a repetirse en esa magnitud. La razón sigue siendo la misma: subsiste la escoria del enfrentamiento con la fuerza omnímoda de los poderosos que fueron sus antecesores y enemigos que, hasta la llegada de Yrigoyen al gobierno, habían configurado los destinos y rumbos del país.
Llegado el caso de intentar esta biografía lo cierto es que la multitud de factores adversos conspiran todavía hoy con el diseño inicial. Basta recordar para el caso que la noticia de su muerte en el diario La Prensa está dada en estas líneas: “Ha fallecido el ex comisario de la ciudad de Buenos Aires, que fue dos veces presidente”. Conste que no lo incluimos para culpa de nadie sino para insertar mojones que ayuden a la reflexión de que es casi imposible biografiar a Hipólito Yrigoyen dadas su modalidad reservadísima y su críptica expresión oral, aunque se reconoce la cordialidad de su trato con los más cercanos, sin por ello cancelar la reserva.
Sobre su vida privada se sabe bien poco, salvo su adhesión a lecturas filosóficas que fundamentaban su accionar republicano. En nuestra documentación sobre su trayectoria como gobernante está presente la compulsa de los debates parlamentarios y las definiciones que llevan su marca, verdadera escuela de decisiones de buen gobierno. Un fiel radical, el profesor Sobral, un auténtico apóstol del yrigoyenismo de la transcripción fidelísima, ha incluido estos escritos en una cuidadosa serie documental, donde queda a la luz la integridad de Yrigoyen a lo largo de los años de gobierno, cuando un solo periódico, La Epoca, es el vocero del accionar presidencial, mientras los opositores de diverso signo tienen enorme difusión mediática. Ese material parlamentario, explicativo y decisorio a la par, configura un verdadero tránsito a través de la gestión oficial de Yrigoyen. El capítulo final de esta indagación es el famoso quinto memorial a la Corte, último texto que escribe Yrigoyen preso en la isla Martín García, donde es deportado luego de la Revolución de 1930, en el cual recapitula los cargos que se le imputan y defiende su inocencia con tensión dramática y expresiva. Un verdadero colofón de su accionar de vida.
De origen modesto, nace en Balvanera en 1852, sobrino de un notorio adalid de la primera oposición política al núcleo bien calificado como Régimen. Estudia abogacía, enseña Filosofía en escuelas secundarias y milita desde muy temprano en una construcción política distinta al cabo de hechos decisivos que alteran el paisaje político del país, como fueron el mitin del Frontón y los sucesos del 90. Alcanza así una nutrida cohorte de adherentes con los que inicia su trayectoria proselitista, que conducirá a la creación del partido radical, consagrado institucionalmente en 1892, cuatro años antes que el preexistente socialismo, constituido en 1896. El crecimiento de esta parcela política se verá concertado por la adhesión de algunas figuras relevantes del pensamiento de entonces, con inclusión de personalidades provinciales.
En esta gestión preliminar va sobresaliendo el perfil y la personalidad de Yrigoyen a través de alternativas relacionadas con diferencias de sentidos que él se encarga de propiciar con elocuencia y sistema, que todos le reconocerán en poco tiempo más. Así se lo verá en las contiendas electorales, en la resolución de diferentes políticas en provincias, en el acuerdo con problemas sindicales, y luego del triunfo electoral que lo lleva a la presidencia de la Nación vendrán las decisiones parlamentarias más complejas, en relación con la Primera Guerra Mundial y la no inclusión del país como beligerante, opción resistida por la presión de los dueños del poder y del dinero, exponentes de sectores que aunque han perdido la cúpula del poder siguen representando fuertes intereses estrechamente vinculados con el comercio ultramarino y a la gran producción cerealera y de carnes, imperiosamente necesitada por Gran Bretaña a raíz de la guerra.
Esa misma situación crítica lo llevará a decisiones de envergadura frente a los grandes Estados participantes en la Sociedad de las Naciones y a las respectivas tratativas de paz. Al conocer la decisión de que serían los cuatro países más importante los responsables de las medidas cruciales, Yrigoyen ordenará a su predilecto Marcelo T. de Alvear –representante nuestro ante dicho organismo– el retiro inmediato, ante la consternación de todos. Su punto de vista, defendiendo la igualdad, era sin embargo el más justo y más correspondiente a la creación misma de ese concierto-cúpula de naciones.
Hubo otros temas también vinculados con la guerra, que fueron objeto de discusiones y comentarios sin fin. Como la decisión de no entrar en guerra como nación beligerante y conciliar con Alemania los costos de algunas pérdidas de naves argentinas mediante importantes resarcimientos, lo cual probaba la inteligencia de no acceder a presiones y por otra parte beneficiar nuestra flota.
Explicar la serenidad en la ruta educativa y social trazada desde el gobierno lleva a la doctrina generada en el krausismo y asumida por el yrigoyenismo, tal como la enseñara Yrigoyen en sus clases de filosofía o la impartiera a sus seguidores en las prácticas políticas. El bien común, la espiritualidad, el raciocinio y una creencia férrea en la libertad individual aplicada al accionar humano son constantes que iluminan la actividad política y garantizan las ventajas de la educación para todos, sin excluir a la mujer. Al parecer, Yrigoyen llevaba consigo como libro de cabecera una síntesis de las premisas krausistas, que impregnaron al radicalismo doctrinario, como primer acceso a la democracia totalizadora y legítima.
Era la hora de la espiritualidad, que contrasta con la hora que anuncia el poeta Leopoldo Lugones hacia 1924 en Lima, con motivo del centenario de la batalla de Ayacucho: La hora de la espada ha llegado, que se traduce en la denostación de la democracia política y la elección de la fuerza militar, el orden y la sumisión a una idea patriótica: “…pacifismo, colectivismo, democracia, son sinónimos de la misma vacante que el destino ofrece al jefe predestinado. Considero mejor a los militares que a los políticos y deseo con imparcialidad el gobierno de los mejores”. Eran las mismas bases seguidas por la Logia San Martín, organización secreta y paralela a la jerarquía del ejército, que comenzó su actividad tomando el control de la Comisión Directiva del Círculo Militar y desde allí presionó sobre el Ministerio de Guerra del gobierno de Yrigoyen, procurando desplazar a los oficiales que tuvieran actividad política en el gobierno.
Hipólito Yrigoyen no se deja influenciar por manifestaciones revisionistas de un pasado real o ficticio, pero pasado. Lo inspira la construcción de una sociedad republicana, sin excluidos y con libertades, que pueda mantener los frutos y principios de una trayectoria liberadora y atenta a la justicia. Yrigoyen está alerta y en su mensaje-discurso del 7 de diciembre de 1929, al Senado de la Nación, señala su vigilia en la protección de los bienes de la Patria:
“El país ha acumulado más experiencia sobre el manejo desordenado e imprevisor de las riquezas naturales que forman parte del patrimonio del Estado. Baste recordar lo acontecido con la tierra pública, cuya historia desastrosa mantiene una acusación ilevantable sobre los gobiernos del pasado y que fuera enajenada a precios viles, sin plan ni concierto, sustrayéndola a sus convenientes destinos económicos para hacerla servir de base a los extraordinarios enriquecimientos privados que se obtuvieron a expensas de la fortuna nacional, para sentir la aspiración fervorosa y el propósito inquebrantable de que no sea igualmente malograda la segunda gran riqueza con que los mandatos de la Divina Providencia han querido favorecer a nuestra tierra privilegiada”.
Palabras cuya actualidad no necesitamos recalcar. La reclamación es específica, se trata de que el Senado sancione proyectos ya aceptados por la Cámara de Diputados respecto “al dominio y explotación exclusiva por el Estado de los yacimientos de petróleo e hidrocarburos fluidos, existentes en el territorio de la Nación”. Fue Yrigoyen quien encomendó al general Mosconi la tarea de organizar la explotación del petróleo en Comodoro Rivadavia...y de paso, recordemos que se dijo y se probó en fuentes documentales, que el golpe que derrocó a Yrigoyen en 1930 tuvo olor a petróleo...
La multitud que acompañó los restos a su muerte fue testimonio inusitado de la buena memoria de un pueblo ante un líder querido, y la historia serena y bien documentada ratifica su mesura y su estro político en el camino de la reparación de errores y la provisión de medidas adecuadas. El respeto al otro y la mesura fueron también atributos sin mengua. La reivindicación integral todavía sigue siendo cuestión de limpieza de intenciones y desbrozamiento de acusaciones ilegítimas. La estatua tardía que mira sobre la Av. Córdoba de espaldas a Tribunales, está lejos de ser la estatua y el lugar que le corresponde.

Instituto Nacional Yrigoyeneano Ley N° 26.040
La Ley 26.040 creó el Instituto Nacional Yrigoyeneano como continuador del Instituto Yrigoyeneano, fundado el 1° de junio de 1948, que tiene a su cargo difundir y promover el pensamiento y la obra de Hipólito Yrigoyen

* Hebe Clementi es historiadora con una vasta obra intelectual.Profesora titular de la cátedra de Historia del Pensamiento Latinoamericano. Ex directora nacional del Libro. Miembro de Número del Instituto Nacional Yrigoyeneano.

lunes, 12 de julio de 2010

UN 12 DE JULIO DE 1852 NACÍA HIPÓLITO YRIGOYEN

Una de las máximas figuras en la historia de la UCR

Hipólito Yrigoyen fue dos veces presidente de nuestro país, entre 1916-1922 y 1928-1930, como máximo representante de nuestro partido, la UCR.

Algunos de sus apodos más conocidos fueron: el “peludo”, por su aversión a mostrarse en público, y el “vidente”, por su gran capacidad para interpretar las demandas, necesidades e intereses de sus interlocutores.

A lo largo de su vida mostró gran versatilidad en el desempeño de diversas funciones: comisario de policía en el barrio de Balvanera, presidente del Consejo escolar de la misma ciudad, profesor de historia, filosofía e instrucción cívica, estudiante de abogacía, diputado, jefe revolucionario y presidente de la República Argentina.

Durante los años que ejerció la docencia, entre 1880 y 1905 donó sus honorarios al Hospital de Niños.

Participó y lideró numerosas revoluciones, que prepararon el terreno para la implementación de la Ley Sáenz Peña.

El 12 de octubre de 1916 asumió por primera vez la presidencia del país. Concluía así el período conservador. Ese día la multitud enfervorizada desenganchó espontáneamente los caballos del carruaje que trasladaba al flamante líder radical desde el Congreso y lo llevó a pulso hasta la Casa Rosada.

Estas elecciones que dieron triunfo a Yrigoyen fueron las primeras que se realizaron a nivel nacional bajo los auspicios de la llamada Ley Sáenz Peña (ley electoral de 1912), que imponía el voto universal, secreto y obligatorio.
En 1928 Yrigoyen fue electo presidente del país por segunda vez por una abrumadora mayoría. Su período de gobierno quedó inconcluso como consecuencia del golpe de Estado producido el 6 de septiembre de 1930, que encabezó el general José Félix Uriburu y dio comienzo a la llamada “década infame”.

sábado, 3 de julio de 2010

YRIGOYEN FUE EL CONSTRUCTOR DE LA DEMOCRACIA SOCIAL Y CONSTITUCIONAL, Y EJEMPLO CÍVICO


Declaración del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical
y el Instituto Nacional Yrigoyeneano (Ley Nº 26.040),
al cumplirse 77 años del fallecimiento del Dr. Hipólito Yrigoyen

El 3 de julio de 1933 fallecía Hipólito Yrigoyen; las calles de Buenos Aires nunca habían presenciado una manifestación más sincera y numerosa de compatriotas que salieron a despedir al líder radical. Habían pasado tres años de injusta ignominia, olvido y persecución por parte del Régimen de la Década Infame.
No tuvo honores oficiales, ni días de luto, se amenazó a los empleados públicos para que no concurrieran a ese homenaje; sin embargo, el pueblo lo despidió de manera mayoritaria y muy emocionada.

El 12 de octubre de 1916, el Dr. Hipólito Yrigoyen había asumido como el primer presidente auténticamente elegido por la voluntad popular en nuestra historia. Su lucha no era nueva, venía de un cuarto de siglo de intransigencia y apostolado.
Hablar de Yrigoyen es necesariamente referirse a la Reforma Universitaria, a la creación de YPF y la nacionalización del petróleo; la jornada laboral de ocho horas, las primigenias leyes previsionales; la ley de arrendamientos agrícolas; el ferrocarril a Huaytiquina para generar una salida comercial hacia el Pacífico, etc.
Yrigoyen es, también, la creación de 37 institutos secundarios y 12 escuelas de artes y oficios en la Capital. En el interior tres mil nuevas escuelas primarias. Una población escolar en aumento constante, un analfabetismo que se reduce sensiblemente, el bachillerato nocturno, y la implantación definitiva del guardapolvo blanco como elemento igualador de los estudiantes argentinos.

“El gobierno no cederá ni un adarme de las riquezas públicas, ni cederá un ápice del dominio absoluto sobre ellas”, decía Yrigoyen. Este dirigente sí sabía de oligarquías y vendepatrias, los que le asestaron el golpe septembrino con olor a petróleo, y los que décadas después destruyeron una joya preciada de nuestra Argentina: YPF.
Cómo no evocar la figura de Yrigoyen ante la triste realidad de pueblos fantasma que nacieron con YPF como Tartagal, Cutral Co, Plaza Huincul, cuando alrededor de 200 mil argentinos viven en pueblos que crecieron en relación al establecimiento de una estación ferroviaria, pero que hoy quedaron aislados por el cierre de los distintos ramales del ferrocarril.
Ante una política plagada de frivolidad, del hedonismo exacerbado y los gastos suntuosos de gobernantes concupiscentes, cómo olvidar a Yrigoyen que donaba sus salarios tanto como docente así como Presidente de la Nación a la Sociedad de Beneficencia, para el Hospital de Niños y el asilo de niños. Lo hizo durante 32 años, 10 meses y quince días.

Cómo no recordar su humilde morada alquilada de la calle Brasil en el barrio de Constitución y sus sencillos muebles destrozados y arrasados por la turba luego del golpe septembrino. Cómo olvidar que fue injustamente encarcelado sin proceso judicial durante un año y tres meses en condiciones de indignidad para su alta investidura en la Isla Martín García.

Anciano y enfermo regresó a Buenos Aires para vivir de prestado en casa de una hermana, pues había perdido todos sus bienes a lo largo de su vida pública. Sufrió el destino común de otros ex presidentes radicales: fue burlado y vilipendiado por la prensa, fue víctima de la conspiración de los sectores del privilegio económico y la reacción política, que le quitaron todo lo que pudieron, salvo el amor de su pueblo, ya que al momento de su despedida, el pueblo estuvo junto a él acompañándolo a su última morada.

Al cumplirse un nuevo aniversario de su desaparición física, el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y el Instituto Nacional Yrigoyeneano (Ley Nº 26040) rinden tributo al constructor de la democracia social y constitucional; y reivindican su ejemplo y su obra como piedra angular sobre la cual los argentinos debemos seguir consolidando la República.

domingo, 21 de diciembre de 2008

YRIGOYEN Y LA SEMANA TRÁGICA. REFUTANDO A FELIPE PIGNA de la UCR y

La verdad sobre la Semana Trágica de enero de 1919,por Diego Barovero y Fernando Blanco Muiño (Instituto Nacional Yrigoyeniano)

Para refutar los sesgados y falaces comentarios vertidos en el programa de Felipe Pigna "Algo habrán hecho por la Historia Argentina" emitido por Telefé nos referiremos a continuación a uno de los acontecimientos más controvertidos de la presidencia del doctor Hipólito Yrigoyen. Los hechos acaecidos en Buenos Aires, durante la denominada Semana Trágica de enero de 1919.Dichas circunstancias fueron abordadas de manera parcial y tendenciosa por el mencionado programa, siguiendo una línea trazada por ciertas corrientes historiográficas que han elegido hacer referencia exclusivamente a los aspectos vinculados con la represión de los huelguistas de los Talleres Vasena y de otros grupos obreros anarquistas involucrados en los hechos. Sin embargo, el proceso es mucho más complejo y exhibe numerosas aristas que no son usualmente difundidas y analizadas con la artera intención de endilgar al presidente Yrigoyen una actitud antiobrerista y represiva, lo que pondría en evidencia una "actitud de clase" de su parte que no condice con la realidad de su filosofía y su accionar como gobernante.Por el contrario, es imprescindible considerar como previo y determinante en relación a la problemática gremial que involucra a los trabajadores de Vasena el estallido de la Revolución Bolchevique en octubre de 1917 en Rusia (que desde febrero de ese año transitaba un proceso de paulatina democratización a cargo de las fuerzas socialdemócratas mencheviques que es boicoteada por Lenin y Trostky) y su indubitable influencia en los movimientos políticos y sociales de izquierda radicalizada del mundo - en este caso de la Argentina - que preferían exacerbar las contradicciones de manera de producir las condiciones objetivas para reproducir el clima de la revolución que ponga fin a la democracia burguesa y proceda a la dictadura del proletariado.Esa tendencia entraba en franca colisión con los intereses de la derecha conservadora más reaccionaria, que aún resistía en el país las profundas reformas democratizadoras de Yrigoyen y que encontraba en el estallido social la excusa ideal para desatar su furia desembozada contra los sectores sociales más humildes y desposeídos de la sociedad a los que el presidente radical comezaba a procurar beneficiar mediante sus políticas reparadoras con el declarado propósito de que "bajo la bóveda de nuestro cielo no haya un solo desamparado".Volviendo al relato de los hechos que se ventilan, a comienzos de enero de 1919 los Talleres Metalúrgicos Vasena se encontraban en huelga y sus plantas de San Cristóbal y Nueva Pompeya se hallaban sitiadas por elementos pertenecientes a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) del V° Congreso, de matriz anarquista, propulsora de la violencia y la acción directa en el campo sindical. Con el propósito de quebrar la huelga que paralizaba la actividad del establecimiento con sus consiguientes consecuencias económicas negativas, los propietarios con el apoyo de los núcleos empresarios y políticos del conservadurismo más rancio recurren a la contratación de personal que suplante a los huelguistas, los cuales al pretender ingresar al local son atacados a tiros por los activistas. Se desata entonces una represión feroz y los episodios arrojan un saldo de muertos y heridos de ambos bandos. El programa del mentado Pigna sostiene que no hubo bajas por parte de la policía de la Capital. Ello es falso, ya que en la primera refriega entre huelguistas activistas y fuerzas policiales, cayó muerto el cabo Vicente Chaves.
El presidente Yrigoyen en los primeros momentos de la crisis había designado a Elpidio González (ex Ministro de Guerra hasta septiembre de 1918) como jefe de Policía de la Capital instruyéndolo para que estableciera contactos con dirigentes de la FORA IX° Congreso, de tendencia sindicalista y escindida del movimiento antes mencionado que no propiciaba la violencia como medio político. El Jefe de policía se reunió con Sebastián Marotta, secretario general de la entidad gremial y sentaron las bases del acuerdo: en las siguientes 24 horas la empresa Vasena aprobaría las mejoras solicitadas por los obreros y el gobierno dispondría la libertad de los detenidos por los disturbios. Como contrapartida, los huelguistas deberían desalojar el establecimiento ocupado. Pero el plenario de la agrupación sindical rechazó de plano la propuesta oficial y las seguridades brindadas por González y decidió la continuidad de la huelga. Elpidio se hizo presente entonces en la misma sede de los talleres, procurando agotar la vía del diálogo y evitar consecuencias sangrientas, pero su autoridad fue desconocida por los manifestantes y fracasó su gestión. Debió retirarse casi escapando del lugar ya que los más exaltados volcaron e incendiaron su vehículo oficial ocasionando la muerte del custodio subteniente Antonio Marotta, otra víctima de las fuerzas del orden cuya existencia es negada por el guión del programa en cuestión. La crisis llegó a su cenit cuando la patronal decidió recurrir a matones profesionales y grupos de acción directa organizados con lo más rancio de la reacción política local que produjeron episodios verdaderamente sangrientos en la ciudad de Buenos Aires, desatando su furia antisemita y xenófoba, de los cuales no es posible atribuir responsabilidad alguna al gobierno encabezado por el Presidente Yrigoyen. Los hechos, tal cual son presentados por el programa de Pigna parecen destinados demostrar que la represión paralegal desatada por fuerzas como la Liga Patriótica Argentina fue tolerada por la mirada indulgente del presidente radical.Contrariamente a ello, Yrigoyen, jugando por entero su condición de Jefe de Estado y de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas que le atribuye la Constitución Nacional al Presidente de la Nación, desbordada que fuera la policía de la ciudad por el accionar vandálico y descontrolado tanto de los grupos de ultraderecha y vinculados a la patronal, como de los sectores más combativos del proletariado, puso la ciudad bajo la autoridad del Ejército como garantía de orden y paz. La responsabilidad del comando de restablecimiento del orden y la represión del delito recayó en un militar profesionalista de enorme prestigio en medios castrenses y de virtuosa subordinación a la autoridad constitucional, el general de división don Luis Dellepiane, posteriormente ministro de Guerra entre 1928 y 1930 en la segunda presidencia de Yrigoyen. El accionar militar de las fuerzas comandadas por Dellepiane puso fin el 13 de enero a los luctuosos acontecimientos desatados desde el día 4, restableciendo el orden, la paz y la convivencia civilizada en la Capital de la República. El número de víctimas de los episodios de la llamada Semana Trágica es aún motivo de discusión. Los datos de la Policía indican que fueron 141 los muertos más de 500 los heridos. Julio Godio sostiene que las víctimas fatales fueron 40 sin precisar número de heridos. La prensa obrera indicó que los muertos superaron el centenar. Sin embargo, todas las fuerzas políticas y sociales de la República repudiaron los hechos de violencia perpetrados por uno y otro bando de la disputa desatada en esos días. Hasta el Partido Socialista, tradicional fuerza de carácter reformista y pacífica, condenó la violencia huelguista.Para los trabajadores de Vasena, sin embargo, hubo una reivindicación en cuanto a sus reclamos y derechos. El presidente Yrigoyen forzó de la patronal la reducción del horario laboral de 11 a 8 horas, aumentos del jornal que oscilaron del 20 al 40%, del 50% en el caso de las horas extras y la reincorporación de los obreros cesanteados por la empresa. De esto, el señor Pigna no hizo referencia alguna dejando al descubierto así la felonía de sus argumentaciones falaces e incompletas.La memoria de Yrigoyen, merece pues ser vindicada de la injusta diatriba

Instituto Nacional Yrigoyeniano

Fernando Blanco Muiño
secretario general

Diego Barovero
vicepresidente


pegale a kristina - pegale a los politicos

http://www.mygame.com/game/483619/playe/

0800 444 3583

Línea telefónica gratuita y anónima para la recepción de denuncias sobre hechos de violencia en el ámbito doméstico. También se brinda orientación ante casos de violencia y discriminación, se asesora sobre prevención comunitaria del delito y servicios que afecten la seguridad.

Ésta es una de las 141 medidas a nivel provincial durante los primeros 100 días de Gobierno.